(Por: Domingo Abel Bongianino) - Les comento que en un pueblo como tantos ubicado en el oeste santafesino, que es residencia de colonias de inmigrantes llegados antiguamente escapando de las guerras en Europa, creando en la fructífera jurisdicción sus asentamientos en donde la bondad de la tierra recompensó con frutos sus incansables labores rurales, comenzó este cuento.
Eran aquellos tiempos de sacrificios en donde todo se cuidaba y respetaba existiendo solidaridad y colaboración, fomentando el progreso que se vislumbraba en la región. Dentro de la marginalidad de la época existían códigos de convivencia con límites que destacaban el respeto por lo ajeno.
Se dice que existían precarios caminos que se conducían a centros poblados y que todos cuidaban de destruirlos durante las inclemencias por lluvias porque sino lo hacían los pantanos intransitables imposibilitaban el acceso hacia adonde se quería llegar. Marcaban unas huellas y por ellas pasaban todos hasta que el terreno ya seco permitía el uso total de la ruta y la Comuna con antiguas máquinas de arrastre colaboraba para facilitar el traslado de los usuarios.
El calendario fue avanzando y la modernidad trajo a la tecnología para vivir y trabajar mejor. Con ella, arribaron los mejoramientos de la red vial rural reparándose y ampliándose los caminos para un transporte rápido y fluido conectando a los campos de la comarca con las ya existentes carreteras pavimentadas permitiendo cómodos desplazamientos. Pero los tiempos y la gente cambiaron…
Se cuenta… que en ese pueblo del oeste santafesino en el último período, la Comuna reconstruyó 50 kilómetros de caminos rurales con las correspondientes limpiezas de alcantarillas para el rápido escurrimiento del agua quedando los sitios en óptimo estado de transitabilidad. Todos contentos… pero…
Llegaron las intensas lluvias y los descendientes de aquellos inmigrantes, ya en su mayoría viviendo en el pueblo y con la potencia motriz que les brinda la tecnología, salieron en oportunidades sin urgencias o necesidades, para ir a los campos utilizando grandes tractores con ruedas duales o con camionetas 4 X 4 dejando profundas huellas que cuesta reparar, con el argumento de que la Comuna los debe reacondicionar porque pagan la tasa por hectárea. Esto me hizo acordar de un cuento que siempre relata el popular humorista Popo Gioveno diciendo que un día, un grupo de campesinos ofuscados, rodearon la parroquia exigiéndole al sacerdote, que por ser representante del supremo todopoderoso, tenía que hacer llover para aplacar la sequía argumentando que ellos participaban en las colectas de las misas y tenían derecho a reclamar la tormenta… a lo que el cura les respondió: ¡Lo que aportan ustedes solo me alcanza para un relámpago!
El cuento continúa con la moraleja de que, si bien se paga la Tasa… lo que cuestan las reiteradas reparaciones por el mal uso en el tránsito es varias veces más que lo aportado.
No por pagar se tiene que destruir y exigir mayores compensaciones, sino reflejarse en los antepasados que solidariamente cuidaban sus lugares de paso para utilizarlos cuando el piso terrenal se lo permitía.
Si encuentran similitud a este cuento con la realidad es de pura casualidad y si alguien se siente aludido y está libre de pecado que arroje la primera piedra.
Ultimas 5 noticias de Ataliva
- Ataliva: Informaciones varias - 09/02/2012
- Ataliva se prepara para una nueva noche de carnaval - 08/02/2012
- Ataliva: Recuperaron un automóvil que había sido robado el domingo - 07/02/2012
- La Patente Única será más cara en 80 localidades - 30/01/2012
- La EPE anuncia nuevos cortes preventivos para hoy - 20/01/2012



xq tan larga es para una tarea que tengo para el jueves de esta semana si eres *piiii*"$%$"$"·